Soy una persona frustrada. Y me alegra serlo. Me alegra
pensar que el mundo es una mierda, y tener que esforzarme todos los días por
creer que aún así merece la pena. Me alegra cuestionarme todo lo que veo, todo
lo que leo. Me alegra ser una persona que ve manipulación y conspiraciones en
cada noticia, me alegra cabrearme por ello y querer decir ¿qué te crees, que
soy imbécil? Me alegra que la vida me sepa a poco, que encuentre el entorno
demasiado pequeño para la capacidad de las mentes. Me alegra ver que las
realidades que inventa mi cabeza al caer en la realidad que piso no tienen
cabida, y seguir buscándoles un lugar sin llegar a encontrar respuesta. Me
alegra estar cabreada porque la gente se deje engañar por anuncios, por sueños
que no son fruto de deseos internos. Me alegra que no me guste el móvil, ni la
tele, ni las grandes empresas, ni los centros comerciales. Me alegra cabrearme
conmigo misma cuando caigo en estas trampas. Me alegra sentime mal por creer que hoy no te aporté suficiente, por
creer que no fui lo suficientemente buena compañía para crear una reflexión en
ti. Me alegra que mis metas y mis sueños sean demasiado grandes, demasiado
inalcanzables y sentirme imbécil cuando la gente me mira con cara de “ya
crecerás y serás más realista”. Me alegra intentar abarcar mucho y pensar que
no aprieto nada, y seguir intentándolo un día y otro más, y que esa sensación
permanezca. Me alegra tener días en los que sentí que no hice nada de lo que
tenía que hacer para poder cabrearme conmigo misma y no querer que ocurran más.
Me alegra pensar que la vida me lleva lanzada cuesta abajo hacía un futuro
negro, que acabaré cediendo a las costumbres sociales sin atreverme a llevar
una vida inventada por mí, que acabaré teniendo miedo a ser diferente, me
alegra porque este miedo me mantiene constantemente alerta. Me alegra no saber
qué persona quiero ser, pero sí la que no quiero, y que desde esta regla se
vaya perfilando la persona que seré. Me alegra todo esto porque no sé qué es la
felicidad en general, ni lo que es la felicidad para cada persona, pero sé que el
día que antes de acostarme siento que soy esta persona cargada de
frustraciones, sueños imposibles e inquietudes que repartir, siento algo que
debe ser felicidad. Y siento que lo poco que hago es algo, siento que
escuchándote aprendo más y te aporto más que intentando serte útil y que no
tengo que vivir intentando ser cierta persona, sino que ya soy una persona.
viernes, 15 de noviembre de 2013
domingo, 20 de octubre de 2013
El baile de la vida
Se apagan todas las luces de la sala. Empieza a sonar una canción y una luz la ilumina. Es Perfecta. Sus zapatos, su vestido, su silueta, sus facciones, su maquillaje y su pelo, ella es Perfecta. Comienza a bailar, sus movimientos se mueven perfectamente acordes al ritmo de la música. Ella sonríe con esa sonrisa de labios tensos que descubren esos dientes de revista, esa mirada presuntuosa y altiva de la que gusta de ser mirada, de la que sabe que así es y además lo necesita para seguir bailando, porque esa es la razón por la que baila. Conoce cada centímetro del parqué porque ha practicado para que cada paso caiga exactamente dónde debe caer. Todo el mundo la mira llena de fascinación y envidia. Ella llena la sala, toda su persona llena la sala y por tanto sobrarían todos los demás, claro está, sino necesitase sus miradas.
Al otro lado de la sala otra mujer llama la atención de unas pocas miradas. Con los ojos cerrados Imperfecta ha comenzado a bailar sin que nadie se percatara. Sus movimientos no van acordes con esa canción pero son muy naturales, parece que el viento la azotara e hiciera que se balancease de esa manera. Sonríe Imperfecta, pero sonríe llena de disfrute. Su sonrisa es relajada, a juego con la tranquila felicidad que transmiten sus ojos. No venía vestida para la ocasión, nadie sabe que hace allí. Algunos la miran con desprecio, otros embelesados. Pero ella no lo sabe, porque mantiene sus ojos cerrados. Para ella no hay nadie más en la sala. No sabe que su danza está animando a otros a danzar también.
Dos bailes para una canción; dos bailes para una vida.
Al otro lado de la sala otra mujer llama la atención de unas pocas miradas. Con los ojos cerrados Imperfecta ha comenzado a bailar sin que nadie se percatara. Sus movimientos no van acordes con esa canción pero son muy naturales, parece que el viento la azotara e hiciera que se balancease de esa manera. Sonríe Imperfecta, pero sonríe llena de disfrute. Su sonrisa es relajada, a juego con la tranquila felicidad que transmiten sus ojos. No venía vestida para la ocasión, nadie sabe que hace allí. Algunos la miran con desprecio, otros embelesados. Pero ella no lo sabe, porque mantiene sus ojos cerrados. Para ella no hay nadie más en la sala. No sabe que su danza está animando a otros a danzar también.
Dos bailes para una canción; dos bailes para una vida.
martes, 15 de octubre de 2013
Movimientos forzados
"Cuando ves la realidad, cuesta vivirla".
Cuando comienzas a conocerte, cuesta aceptarte.
Cuando intentas actuar como deberías, comienzas a apartarte de cómo eres realmente, no tienes la sensación de ser tú, ni de ser nadie.
Movimientos forzados.
Cuando comienzas a conocerte, cuesta aceptarte.
Cuando intentas actuar como deberías, comienzas a apartarte de cómo eres realmente, no tienes la sensación de ser tú, ni de ser nadie.
Movimientos forzados.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Perdámonos
- Perdámonos.
- Sí - respondió sin pensárselo dos veces.
Luego cayó en la cuenta: no entendía el sentido de sus
palabras. Había dicho que sí instintivamente, por la confianza que ella le daba,
por la magia del momento, por el aburrimiento de saber siempre donde estaba
exactamente, por la imagen de un remolino de viento y hojas, y sueños y
misterio que le venía a la cabeza cuando pensaba en perderse. Había dicho que
sí porque en este lugar y en este momento ya se había encontrado a sí misma
hace ya tiempo y hace ya tiempo no se gustaba. Pero no sabía que quería decir ella con perderse, no sabía si se irían a otro lugar sin mirar atrás, no sabía si
tendría que cerrar los ojos y dejarse llevar, no sabía si tendría que buscarse
un nuevo nombre y al perderse nadie la podría llamar para volver porque nadie
sabría su nuevo nombre. No sabía si cambiaría de casa y no apuntaría su nueva
calle, y al regresar se perdería por esa nueva ciudad y deambularía sin poder
preguntar, porque no sabría a dónde iba. No sabía si estando perdida
encontraría a nuevas personas que no la conocían, y aún así la ayudarían a
encontrarse. No sabía que pruebas habría de pasar en aquel lugar desconocido, y
que nuevas destrezas descubriría al intentar desenmarañar aquella espesura que
la haría andar desorientada. Había dicho
que sí, pero no tenía ni idea de a dónde le llevaría su respuesta. Solo sabía
que si simplemente la idea de perderse le había hecho florecer todas estas
inquietudes, perderse sería mucho mejor que quedarse aquí. Significase lo que significase.
sábado, 21 de septiembre de 2013
El niño de la Tierra y la niña del Columpio II
El niño miraba a la niña desde el suelo. Estaba tan cerca
que cuando ella subía tenía sus pies sobre su cabeza y le tapaba el sol
haciéndole sombra. Ella no miró hacia abajo. Ni una vez. Pero él no paraba de
mirarla balanceándose una y otra vez mientras manoseaba la tierra que tenía
cerca. Le transmitía mucha paz verla. Parecía muy ligera, su falda y su pelo
moviéndose arriba y abajo pero con su propio ritmo la daban un aspecto muy
ligero. Los ojos del niño ni siquiera reparaban en las cuerdas que la agarraban
a la tierra, pensaba que la estaba elevando el viento. Le aliviaba sentir el
aire que le traían sus movimientos, no sabía porque, pero le hacían sentirse
parte de ese vuelo. Porque él lo sabía: no era una niña, ella era un pájaro.
Tenía que mirarla todo el rato porque en cualquier momento ella despegaría por fin,
y la única posibilidad de que lo llevase con ella era que se diera cuenta de
que la estaba mirando. Si le mirase ella sabría al instante que él sería pájaro
por ella.
La niña se sintió turbada en su vuelo. No había mirado
directamente hacia abajo, pero la imagen del niño se había colado en su campo
visual sin quererlo, y había roto su preparación para el despegue. Ahora
tendría que empezar desde el principio. Pero ya no podía concentrarse. Miraba
sin mirar a ese niño de la tierra. No sabía si él la estaba mirando, pero no
podía arriesgarse a perder toda la concentración. Sus ganas de balancearse
empezaron a menguar. ¿Qué estará haciendo ese niño allí sentado? Al menos no
estaría tan cansado como ella de impulsarse. Quería bajar. Pensó en decirle que
se subiera con ella, pero no, ya no quería estar allí, quería bajarse. Cada vez
se balanceaba más despacio, el aire no corría tan deprisa y por tanto, el frío
y el vértigo ya no la acompañaban. No merecía la pena, solo quería bajar.
viernes, 20 de septiembre de 2013
El niño de la Tierra y la niña del Columpio
Él estaba sentado en el suelo, con los pantalones llenos de
polvo, las zapatillas y las uñas llenas de tierra y el alma enganchada con
raíces al suelo. Ella se columpiaba muy alto, poco preocupada de que su falda
se levantase bailándole al viento, el pelo pegado a la cara y con un agradable
vértigo en el estómago.
Él pasaba las manos por la tierra, se ensuciaba a propósito, la golpeaba para oír el sonido sordo que le confirmaba que pisaba sobre algo sólido, se sentía atraído hacia el calor que desprendían las piedras, hacia el olor a hierba, hacia la vida que alcanzaban a ver sus ojos. Todo lo que necesitaba estaba ahí, al alcance de su mano, una seguridad aplastante dentro de él se lo decía. Estaba lleno de vitalidad, todo era muy real, todo lo que tocaba le daba fuerza, no tenía miedos absurdos, vivía su realidad, disfrutaba de ella. La estaba viendo, no había que temer.
Ella se impulsaba muy fuerte con sus livianas piernas. Se
impulsaba una, dos, mil veces. Tenía las piernas entumecidas, tanto que si no
se las miraba podía pensar que no las tenía. Echaba la cabeza hacia atrás y
miraba el cielo azul. Estaba volando, sí, volando. No era una niña, era un
pájaro, estaba segura. Respiraba muy fuerte, sentía un placer que le hacía estremecerse al sentirse llena de ese frío elemento invisible. Solo se soltaría si el
impulso la llevase hacia arriba. Se soltaría, sí, pero solo en ese preciso
instante. No había nada más en el mundo que mereciese la pena que volar
buscando las nubes. No sabía si llegaría tan alto, pero la única opción que
había era intentarlo. No había nada más.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Otra realidad posible
Cuando la realidad aprieta los sueños y el mundo se queda
pequeño, solo queda imaginar otras realidades posibles. Cuando lo que siempre he
querido hacer, cuando lo que siempre he deseado sentir siento que aquí no es
posible, solo queda imaginar otras realidades posibles. Y de repente encuentro
un espacio para todo eso, y para mucho más. Y no es imaginación, es mi otra
realidad posible. Es ese mundo donde yo pongo los significados y borro los
imposibles. Es ese mundo donde aquello sobre lo que poso mis pies es más irreal
que aquello donde cuelgo mis sueños. Donde encuentro mis respuestas inventando
mis realidades. Donde no me siento estancada, donde volar es más natural que
esperar sentado. Donde el sentido de vivir es hacer que ese mundo crezca, y
crecer es fácil cuando tengo libertad de inventar cada tramo.
sábado, 7 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Palabras para mi madre
Acuérdate de que eres madre
Acuérdate de que eres esposa
Acuérdate de que eres hija, hermana, amiga
Acuérdate de que eres mujer y trabajadora
Acuérdate de que fuiste niña y serás señora
Pero recuerda siempre que detrás de cada etiqueta
Esta tu esencia, tu persona
Recuerda que te hace feliz, recuerda por qué lloras
Recuerda que tu alma es joven
Pero ya sabe lo que quiere, lo que añora
Recuerda que la vida te rodeo de momentos
De personas a las que adoras
Pero que detrás de cada instante, de cada gesto que compartes
Esta tu esencia, tu persona
Acuérdate de los grandes momentos que has vivido
Acuérdate de los malos que te han hecho crecer como persona
Pero no olvides que éstos son solo los primeros cincuenta
Que lo mejor puede que venga ahora
Sigue sintiendo, estremeciéndote, aprendiendo y evolucionando
Sigue cumpliendo con fuerza años
Que no te confunda una interrogación y te haga parecer que pasan rápido
Sigue rodeándote de gente que quieres
Sigue viviendo momentos nuevos
Pero recuerda siempre que detrás de todo
Está tu esencia, tu persona
Acuérdate de que eres esposa
Acuérdate de que eres hija, hermana, amiga
Acuérdate de que eres mujer y trabajadora
Acuérdate de que fuiste niña y serás señora
Pero recuerda siempre que detrás de cada etiqueta
Esta tu esencia, tu persona
Recuerda que te hace feliz, recuerda por qué lloras
Recuerda que tu alma es joven
Pero ya sabe lo que quiere, lo que añora
Recuerda que la vida te rodeo de momentos
De personas a las que adoras
Pero que detrás de cada instante, de cada gesto que compartes
Esta tu esencia, tu persona
Acuérdate de los grandes momentos que has vivido
Acuérdate de los malos que te han hecho crecer como persona
Pero no olvides que éstos son solo los primeros cincuenta
Que lo mejor puede que venga ahora
Sigue sintiendo, estremeciéndote, aprendiendo y evolucionando
Sigue cumpliendo con fuerza años
Que no te confunda una interrogación y te haga parecer que pasan rápido
Sigue rodeándote de gente que quieres
Sigue viviendo momentos nuevos
Pero recuerda siempre que detrás de todo
Está tu esencia, tu persona
Conversación entre una persona y un pájaro
- Siempre creí que viviría volando.
- Pero, ¿sabes volar?
- No.
- ¿Aprendiste a volar?
- No.
- ¿Y por qué creíste tal cosa?
- Escuché por ahí que es como mejor se vivía.
- ¡Pero si ni tan siquiera tienes alas!
- Pero me imagino que las tengo.
- Pues entonces imagina que vuelas.
- Podría hacerlo.
- ¿Y a dónde irías?
- A las nubes.
- Si las nubes fuesen tu meta te aviso que al alcanzarlas se desvanecen y no queda nada entre tus manos, solo lágrimas de lluvia.
- Sería feliz tan solo por intentarlo.
- ¡Pero todo eso no serían más que sueños!¿Por qué no intentas ir andando?
- Porque creo que siempre ando hacia ninguna parte. Al menos si soñase que vuelo, iría a alguna parte, aunque luego se desvaneciera, durante el vuelo sería feliz, y si me entristeciera no conseguirlo siempre me quedaría cerrar los ojos y pensar que tan solo era un sueño.
- Pero, ¿sabes volar?
- No.
- ¿Aprendiste a volar?
- No.
- ¿Y por qué creíste tal cosa?
- Escuché por ahí que es como mejor se vivía.
- ¡Pero si ni tan siquiera tienes alas!
- Pero me imagino que las tengo.
- Pues entonces imagina que vuelas.
- Podría hacerlo.
- ¿Y a dónde irías?
- A las nubes.
- Si las nubes fuesen tu meta te aviso que al alcanzarlas se desvanecen y no queda nada entre tus manos, solo lágrimas de lluvia.
- Sería feliz tan solo por intentarlo.
- ¡Pero todo eso no serían más que sueños!¿Por qué no intentas ir andando?
- Porque creo que siempre ando hacia ninguna parte. Al menos si soñase que vuelo, iría a alguna parte, aunque luego se desvaneciera, durante el vuelo sería feliz, y si me entristeciera no conseguirlo siempre me quedaría cerrar los ojos y pensar que tan solo era un sueño.
Maneras de dormir
JOVEN
¿ Antes de irte a dormir qué piensas?
MAYOR
Pienso en la muerte. La veo próxima y lejana al mismo tiempo. Eso me provoca un sentimiento de respeto hacia ella. O de miedo. Temo morir, temo que un día, en cualquier momento la luz se apague y no pueda hacer nada más. Nada. ¿Te pasa lo mismo a ti?
JOVEN
Yo no temo a la muerte, temo a la vida. Antes de dormir pienso en el día que he tenido y si me siento orgulloso por él. Respeto mi vida y creo que para ello debo honrrarla cada día, y así honrrarme a mí. La muerte es un hecho, sé que pasará, sin más, pero la vida…la vida me reta, y me da miedo no ganarla el pulso. Buenas noches.
MAYOR
Buenas noches.
(Los dos se tumban y se apaga la luz)
2º ACTO
(Aparecen los dos hombres tumbados en el mismo sitio y la misma posición que la escena anterior. Al lado del joven llora una mujer joven con dos niños; al lado del segundo llora una mujer mayor vestida de negro. La primera llora desconsolada, la segunda de una manera más sosegada.
Un hombre aparece en escena pasando primero cerca del primer funeral.)
HOMBRE
Pobre hombre, tan joven y con tantas cosas aún por hacer.
(Sigue andando y pasa al lado del segundo.)
HOMBRE
Era su hora. Es mejor así.
(El hombre sigue andando y sale de escena. Se apagan las luces. Sigue escuchándose el llanto de las mujeres por un rato. Se hace el silencio.)
3º ACTO
(Se encienden las luces. Los dos hombres levantan sus torsos y se quedan sentado en el sitio.)
JOVEN
Me quedé pensando en lo que me dijo ese hombre… “con tantas cosas aún por hacer…”¿Por hacer cuándo? Mi vida ha llegado a su fin, ya no puedo hacer más “cosas”. No sé… Creo que ha debido confundirse. A lo mejor quiso decir “podría haber hecho tantas cosas…” Pero pensándolo bien… ¿Más cosas? Recuerdo feliz mi vida, he vivido. Mi temor antes de dormir…
MAYOR
De morir…
JOVEN
Eso, de morir, era no estar orgulloso. Pero pienso en mis días y me siento orgulloso. Me siento…lleno. He vivido mis días. Recuerdo sentir, recuerdo amar, reir, llorar, recuerdo las locuras que han hecho subir mi adrenalina, recuerdo decir sí y decir no cuando lo sentía y que mis respuestas me llevaron por caminos inesperados… Siento mi persona hecha de pedazos de personas y de momentos, y también noto pedazos míos que no están aquí… que forman parte de otras personas y de otros momentos…qué raro…siento como si en cierta manera…no sé… siguiera vivo…
MAYOR
¿Vivo? Sé realista, nos hemos dormido.
JOVEN
Muerto.
MAYOR
Eso, muerto. Yo estoy pensando en el día que he tenido, en el que tuve ayer, anteayer, la semana pasada,… y, ¿sabes? Tampoco recuerdo mucho. Recuerdo que trabajé, que vi a mi esposa, a mis compañeros,… Más cosas, pero no las recuerdo… Sé lo que no hice. No sentí nada en especial, no me estremecí, no recuerdo aprender nada que me hiciera reflexionar, ni ver nada que me emocionase. Mis sentimientos son tan planos que ahora mismo estoy dudando si los he tenido…
JOVEN
¡Cómo no vas a haber tenido sentimientos!
MAYOR
Los habré tenido, pero no los recuerdo. A lo mejor se me acabaron hace tanto que ya no los recuerdo.
JOVEN
¿Acabado?
MAYOR
U olvidados de no usarlos. Qué raro. Aquí no me siento más extraño que allí, como si ya me hubiera acostumbrado a estar aquí, o como… si siempre lo hubiese estado.
JOVEN
Qué triste… Pagaría por morir tal como estoy antes de olvidar sentir.
MAYOR
Quizá era mejor así, habría llegado tu hora. Yo pagaría por tener más tiempo.
JOVEN
Pobre, te quedaban tantas cosas aún por hacer…
¿ Antes de irte a dormir qué piensas?
MAYOR
Pienso en la muerte. La veo próxima y lejana al mismo tiempo. Eso me provoca un sentimiento de respeto hacia ella. O de miedo. Temo morir, temo que un día, en cualquier momento la luz se apague y no pueda hacer nada más. Nada. ¿Te pasa lo mismo a ti?
JOVEN
Yo no temo a la muerte, temo a la vida. Antes de dormir pienso en el día que he tenido y si me siento orgulloso por él. Respeto mi vida y creo que para ello debo honrrarla cada día, y así honrrarme a mí. La muerte es un hecho, sé que pasará, sin más, pero la vida…la vida me reta, y me da miedo no ganarla el pulso. Buenas noches.
MAYOR
Buenas noches.
(Los dos se tumban y se apaga la luz)
2º ACTO
(Aparecen los dos hombres tumbados en el mismo sitio y la misma posición que la escena anterior. Al lado del joven llora una mujer joven con dos niños; al lado del segundo llora una mujer mayor vestida de negro. La primera llora desconsolada, la segunda de una manera más sosegada.
Un hombre aparece en escena pasando primero cerca del primer funeral.)
HOMBRE
Pobre hombre, tan joven y con tantas cosas aún por hacer.
(Sigue andando y pasa al lado del segundo.)
HOMBRE
Era su hora. Es mejor así.
(El hombre sigue andando y sale de escena. Se apagan las luces. Sigue escuchándose el llanto de las mujeres por un rato. Se hace el silencio.)
3º ACTO
(Se encienden las luces. Los dos hombres levantan sus torsos y se quedan sentado en el sitio.)
JOVEN
Me quedé pensando en lo que me dijo ese hombre… “con tantas cosas aún por hacer…”¿Por hacer cuándo? Mi vida ha llegado a su fin, ya no puedo hacer más “cosas”. No sé… Creo que ha debido confundirse. A lo mejor quiso decir “podría haber hecho tantas cosas…” Pero pensándolo bien… ¿Más cosas? Recuerdo feliz mi vida, he vivido. Mi temor antes de dormir…
MAYOR
De morir…
JOVEN
Eso, de morir, era no estar orgulloso. Pero pienso en mis días y me siento orgulloso. Me siento…lleno. He vivido mis días. Recuerdo sentir, recuerdo amar, reir, llorar, recuerdo las locuras que han hecho subir mi adrenalina, recuerdo decir sí y decir no cuando lo sentía y que mis respuestas me llevaron por caminos inesperados… Siento mi persona hecha de pedazos de personas y de momentos, y también noto pedazos míos que no están aquí… que forman parte de otras personas y de otros momentos…qué raro…siento como si en cierta manera…no sé… siguiera vivo…
MAYOR
¿Vivo? Sé realista, nos hemos dormido.
JOVEN
Muerto.
MAYOR
Eso, muerto. Yo estoy pensando en el día que he tenido, en el que tuve ayer, anteayer, la semana pasada,… y, ¿sabes? Tampoco recuerdo mucho. Recuerdo que trabajé, que vi a mi esposa, a mis compañeros,… Más cosas, pero no las recuerdo… Sé lo que no hice. No sentí nada en especial, no me estremecí, no recuerdo aprender nada que me hiciera reflexionar, ni ver nada que me emocionase. Mis sentimientos son tan planos que ahora mismo estoy dudando si los he tenido…
JOVEN
¡Cómo no vas a haber tenido sentimientos!
MAYOR
Los habré tenido, pero no los recuerdo. A lo mejor se me acabaron hace tanto que ya no los recuerdo.
JOVEN
¿Acabado?
MAYOR
U olvidados de no usarlos. Qué raro. Aquí no me siento más extraño que allí, como si ya me hubiera acostumbrado a estar aquí, o como… si siempre lo hubiese estado.
JOVEN
Qué triste… Pagaría por morir tal como estoy antes de olvidar sentir.
MAYOR
Quizá era mejor así, habría llegado tu hora. Yo pagaría por tener más tiempo.
JOVEN
Pobre, te quedaban tantas cosas aún por hacer…
¡Qué mente más superflua!
Erase una vez una mente superflua que vivía una vida llena de cotidianidad. Dormía como todo el mundo, se levantaba como todo el mundo, reaccionaba como todo el mundo a un sin fin de momentos cotidianos que le sucedían durante el día y que le daban como resultado otro arsenal de momentos ordinarios, y por último se iba a dormir, con las preocupaciones, dolores, remordimientos, arrepentimientos, angustias y demás sentimientos cotidianos con los que se acostaba todo el mundo. Esta era en resumen la historia suya de cada día. Cualquiera que lo viese desde fuera pensaría “¡su vida y la de cualquiera!”, pero no, esta percepción sería equivocada aunque normal porque era lo que parecía. Pero es que mientras esta mente superflua arrastraba su cuerpo por los días de sus días, sufría de viajes mentales. No se sabe si considerarse un mal o una virtud, pero los sufría. Mientras que la mente superflua presenciaba como protagonista cualquier escena de su vida, su mente flotaba a saber dónde y a saber con quién, y de repente caía en esa situación sin saber dónde estaba, y sin saber con quién. ¡Qué mente más superflua! Le encantaba rememorar historias pasadas, recrear momentos perfectos o superfluar sin más. Cualquier cosa que le alejase de los tediosos deberes ordinarios, las racionales discusiones que lo mismo arreglaban desarreglos que los creaba, las obligaciones, responsabilidades, compromisos,… ¿Cuándo se había convertido su cuerpo en un esclavo de imposiciones externas a sus necesidades y sus locuras? Esta era una preocupación racional que no compartía su superflua mente. A su mente le traía sin cuidado cualquier pesadumbre o atadura que pudiera suponer una piedra atada a su libertad. Su lema era “ si no lo reflexiono, no existe”. Pero en momentos de debilidad, su cuerpo arrastraba a su mente hacia la realidad (así la llamaba su cuerpo) y se producía una eclosión como si batiéramos por unos instantes agua y aceite y en esos instantes, aún teniendo como pruebas anteriores intentos fallidos, creyésemos firmemente en su reconciliación (¡se van a mezclar, se van a mezclar!), el aceite empujaría hacia arriba (¡déjame subir, déjame subir!) y el agua suplicaría socorro (¡no dejes tan insípida mi vida!). Combate entre racionalidad y superflualidad. Una vida con los pies en la tierra necesitaba darle una pincelada de coherencia a esos viajes mentales, necesitaba saber por qué se sentía tan vacía y traicionada por sí misma, e intuía (de las pocas intuiciones que dejaba materializar en una convicción firme) que la respuesta estaba en esa mente superflua, pero al acercarla hacia sí, al tirar de ella e intentar encajarla en su puñetera cabeza, ¡no conseguía entender nada! ¿Qué puñetero entramado de pensamientos era ese? El combate había empezado. A ver, para desenmarañar un nudo hecho de miles de nudos, se debía empezar por el principio pero, ¿qué era el principio? La mente superflua se resistía a ser diseccionada, analizada, desenredada hasta parecer una mente domada cualquiera. La mente disfrutaba de su propio caos, su desorden. Su locura era el único eco de libertad que la separaba del cautiverio de su sumisa e impuesta vida. Cualquier sistema que desenmarañase o lograse entender su manera de superfluar solo conseguiría volverla una mente vulgar presa de una vida vulgar. Mientras que pudiera seguir superfluando, sería libre.
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