No sabía cuánto tiempo llevaba mirándola, el tiempo solo se
podía medir por el número de sus balanceos, el tiempo se concentraba entre el
subir y el bajar de cada impulso y se volvía a repetir, el tiempo se había
convertido en esa repetición que parecía eterna, pero no cansada. Y en un
instante todo pareció cambiar, ella bajó su mirada con un leve movimiento,
insignificante, casi imperceptible, un gesto que solo ellos agarraron, que solo
ellos percibieron, y todo cambió. La niña se impulsó por última vez desde el
columpio, soltó sus manos de las cuerdas y flexionando sus rodillas cayó de pie
en la tierra. Fue un salto seguro, sus dos pies se posaron sin vacilar y
sacudieron la tierra, levantaron algo de polvo y causaron ese ruido sordo que
confirmaba su peso y su firme posición. El niño la miraba emocionado, ¡ella
había rechazado su vuelo! ¡Había preferido caer!
jueves, 26 de marzo de 2015
miércoles, 25 de marzo de 2015
"pero ahí están, vivos los maizales ante la tormenta"
Despedirse sin haber encontrado una razón para decir adiós.
Cada persona debería poder estar dónde se le quiere, donde
se le necesita, donde desea estar. No deberían existir límites cuando se desea
tanto algo. Me dijeron que cuando uno desea algo con todas sus ganas, la
humanidad conspira para que su sueño se realice. Yo he deseado, he luchado, he
querido, he trabajado y he soñado mil veces con quedarme. Porque son nuestros
niños, esos niños que nos miraban extrañados, que nos abrazaban, que nos cantaban,
que nos buscaban y nos huían, los que corrían hacia nosotras y los que se
despedían con tristeza. Los que nos quisieron nada más vernos, y los que nos
dieron la oportunidad de aprender a crear un vínculo pese a las dificultades de
sus resistencias, de sus mundos propios, de su diferente manera de comunicarse
y de acercarse.
Estos son nuestros niños. Los niños sin futuro. Los niños a
los que están arrancando el futuro. Porque sí lo tienen, pero se lo están
borrando. Porque un niño sin educación será un niño condenado a vivir
dependiendo de alguien. Porque si no reciben la estimulación adecuada su
discapacidad será más severa y sus capacidades mermadas. Si no se crean las
vías necesarias para que se inserten en la sociedad serán excluidos, marginados
por todos nosotros, que nos privaremos del placer de ampliar nuestro estrecho y
discriminatorio mundo con estas personas que nos hacen ver que el mundo va más
allá del estrecho cerco que hemos pintado, que existen más formas de hablar, de
sentir, de querer, más motivos por los que vivir y por los que luchar. Nos
privaremos de todo esto al rechazar su compañía.
Estos meses les hemos querido y nos han hecho sentir muy
queridas. Les hemos enseñado con mucha paciencia y mucho cariño, y también
hemos aprendido mucho de ellos. Nos han dado grandes regalos, creciendo y
aprendiendo cada día. Hemos llegado a ellos a través del juego y del amor, pero
cada día poniéndoles metas, sabiendo que ellos pueden conseguir cualquier cosa
que les propongamos. Hemos luchado por sus derechos y lo seguiremos haciendo,
pero también está en vuestras manos que reciban la educación que les pertenece.
A veces las diferencias nos asustan, pero cuando quieres conocer a alguien de
verdad, te das cuenta que esas diferencias son las que nos hacen especiales. Y,
sobre todo, hemos creído en ellos: son grandes niños, y serán grandes personas.
No les vamos a olvidar nunca, esperamos que no olviden todo lo que les
queremos.
“El mundo les debe algo, nadie merece alimentarse con
miseria, nadie se merece una infancia incierta, pero ahí están, VIVOS LOS
MAIZALES ANTE LA TORMENTA”
miércoles, 18 de marzo de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
Qué bonito es sentirse una mujer libre
Qué bonito es sentirse una mujer libre.
“Ni Dios, ni patrón, ni marido.”
Ninguna religión culpabiliza mis deseos ni mis actos, no
tengo esas cadenas.
Ningún hombre me hace sentir inferior en mi trabajo, ni
limita mis posibilidades, ni me calla cuando creo que algo no está bien,
tampoco tengo estas cadenas.
Ninguna pareja me hace sentir la mitad de persona, mi edad
no es un reloj que me marca el momento de tener pareja o un hijo, no tengo
estas cadenas.
Pero hay más cadenas con las que no tengo nada que ver.
La moda es un lastre, una capa tan superficial y antinatural
que ha llegado a convertirse en una cadena pesada que supone la denigración de la
belleza, la libertad y la realidad.
Yo elijo que me pongo, que me pinto, que me quito, que
enseño y que me tapo para sentirme bien, sentirme cómoda, sentirme bonita,
sentirme yo misma. Estas elecciones no me hacen sentirme mal. Ni me llevan más tiempo que el necesario. Yo no tengo esas cadenas.
No tenemos que aceptar nuestros kilos, nuestros pelos, nuestras
estrías y nuestras marcas, no los debemos aceptar como una condena con la que
tengo que aprender a vivir, características propias de la mujer dictadas
condenas por esclavistas de nuestro sexo, SON PARTE DE NUESTRA BELLEZA.
No tenemos que hacernos fotos con cara sensual, interesante,
inteligente o fuerte: SOMOS SENSUALES, INTERESANTES, INTELIGENTES Y FUERTES. No
tengo que demostrárselo a nadie con una foto.
miércoles, 11 de marzo de 2015
VIDA
Unos dirán aventura
Otros dirán experiencia
Otros paréntesis, etapa
Locura, oportunidad, salida.
Yo te amarro las palabras
Te licúo las horas y los días
Paso de Guayaquil a Quito
Estrujo Balzar y sus locuras
Y entre verso y canción
Entre besos y pinturas
Frases tatuadas al brazo
Y renovación educativa
Fluimos del inquietante vacío
Al chiste más jodido
Y mira atrás, al frente y al presente
Pensando que si esto no es la VIDA
Que repartan la siguiente
Otros dirán experiencia
Otros paréntesis, etapa
Locura, oportunidad, salida.
Yo te amarro las palabras
Te licúo las horas y los días
Paso de Guayaquil a Quito
Estrujo Balzar y sus locuras
Y entre verso y canción
Entre besos y pinturas
Frases tatuadas al brazo
Y renovación educativa
Fluimos del inquietante vacío
Al chiste más jodido
Y mira atrás, al frente y al presente
Pensando que si esto no es la VIDA
Que repartan la siguiente
jueves, 5 de marzo de 2015
Todas las canciones hablan de mi. Lunes en castillos.
“Mi Señor, mi Señor, mi Señor...
Y yo que no soy nada
más que vida enlatada
te encomiendo
me des alma
ilusiones, sueños, calma.
Y yo que soy vacío
líbrame de los hastíos
de la muerte, de los fríos
de los lunes en los castillos.
Y yo que nunca estuve
ni en tus planes, ni en tus nubes
quiero ser materia y no querube
pompa que se queda y no sube.
Pero no me dejes solo
cuando sea tu soldado
dame flores y ruletas
relojes y bicicletas.
Y una mujer
que llene la vastedad
de este paraíso de cristal
una amante de ojos grises
de pechos grandes
y labios felices.”
Y yo que no soy nada
más que vida enlatada
te encomiendo
me des alma
ilusiones, sueños, calma.
Y yo que soy vacío
líbrame de los hastíos
de la muerte, de los fríos
de los lunes en los castillos.
Y yo que nunca estuve
ni en tus planes, ni en tus nubes
quiero ser materia y no querube
pompa que se queda y no sube.
Pero no me dejes solo
cuando sea tu soldado
dame flores y ruletas
relojes y bicicletas.
Y una mujer
que llene la vastedad
de este paraíso de cristal
una amante de ojos grises
de pechos grandes
y labios felices.”
Esa calada le entró como mierda que curaba. Esa cuchilla
caliente que entraba aliviando la tensión de sus cuerdas, que le daba espacio
para subir, que le hacía ennegrecer todo lo que en ese momento existía
realmente y ya solo podía ver sin luz lo que se podía llamar felicidad de
instante.
Los lunes por la mañana se sentía embotado, enlatado.
Sentía que los lunes no tenían sentido, que deberían desaparecer. Y los futuros
martes que fuesen nuevos lunes, y así los miércoles y los jueves. Debería
existir una habitación en la que te pudieras acostar y al despertar hubieran
desaparecido los días. Rezaba a Dios cuando pensaba estas cosas. Se odiaba
tanto pensando estas cosas que olvidaba que detestaba a Dios y le rezaba. Le
rezaba sin palabras, sin plegarias. Le rezaba por amarrarse a algo, por no
desaparecer entre el humo que le hacía ascender y sus deseos de remolinos de días
absorbiéndose en la nada…Deseaba pesar, deseaba tener dentro algo que pesara lo
suficiente para mantenerse amarrado a esta puta vida que detestaba. Era capaz
de pedir todo esto a Dios sin palabras. Y Dios se lo concedía. Sabía que no
creía en Él, sabía que cada lunes le pediría lo mismo, y cada martes haría
todo lo posible por no merecerse la bendición que le otorgaba. Pero aun así se
lo concedía. Le convertía en una materia pesada…más pesada…y poco a poco sentía
calma, sentía calor…sentía que se aferraba a la vida, sin motivos, como algo
que no tenía mucho sentido, pero seguía.
Se levantó, arrastró sus pies por el cuarto, arrastró todo
lo que encontraba a cada paso sin darle más valor que el impulso con el que lo
pudiera apartar. Se acercó a la ventana y, al abrirla, el mundo le dio de leches
en la cara. Como un escupitajo, el aire no viciado de la calle le dio los buenos
días y le ofreció ese mundo que no quería. Esto es lo que hay. Todo se movía
ahí afuera sin ningún sentido, sin ninguna explicación. Ninguna bicicleta
paraba a explicarle dirección, ningún reloj le proporcionaba la hora exacta.
Perdido en un mundo que se reducía a su habitación y al cartel que ofrecía su
ventana. Completamente perdido. ¿Por qué Dios respondió atándole un día más a
un mundo que no le quería, que no le asignó un hueco, que le obligaba a buscar
algo dentro de sí mismo que le vinculase a toda esa mierda? No, no quería
encontrarlo. Se tumbó en la cama, se puso los cascos y ennegreció otra vez la
realidad con el humo de un canuto.
Soñó que andaba por un parque de noche. Andaba solo porque
no podía haber nadie más. No sabía porque razón solo él podía estar allí.
Andaba mirándose las zapatillas, esas roñosas zapatillas llenas de historias.
Cada paso era acertado, pero no firme. No hacía ni frío ni calor. Ni se
escuchaba el silencio, ni se escuchaba ruido. Las manos en los bolsillos le
hacían sentir sus dedos muy presentes. Un escalofrío apretó su cuerpo desde sus
codos hasta su pecho y le hizo levantar la mirada. Sentada en un banco había
una muchacha. Relajada, pensativa. El pelo le caía por los hombros, la frente y
acariciaba sus mejillas. Sus labios eran hermosos, pero vacíos, huecos. Quería acercarse
a ella, pero no sabía para qué. Para sentir algo. Quería acercarse a ella y
sentir que podía rellenar esos labios… pero en el fondo de su ser sabía que,
por mucho que lo deseara, no había nada con que rellenar esos labios…
“Una mujer,
no una marioneta.
Un ser,
no una silueta.
Una compañera,
no una muñeca.
Créala Señor
no me dejes solo
odio los espejos
y sus reflejos.”
Se despertó escuchando estos últimos versos y sin pensarlo
ni remediarlo se fue hacia el baño y se miró al espejo…si encontrase la manera de llenar esos labios vacíos…
¿cambiaría en algo este estúpido reflejo?
https://www.youtube.com/watch?v=tTR_v7dRvzE
https://www.youtube.com/watch?v=tTR_v7dRvzE
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