¿Junto a quién caminas, mente superflua?

“Y en mi locura he encontrado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues aquellos que nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser”
Gibran Jaul Ginbran “El Loco”

La mente superflua fluye en paz, no le ata ninguna cuerda que le pueda crear dependencia, no recuerda nada que la amargue con nostalgia, superflua libre sin tener noción siquiera de que superflua sola. Pero cuando cae y el cuerpo la piensa, sabe que la piensa sola. Solo con la escusa de que eso es así, la piensa triste por vagar sola. Sabe que la mente no entiende de compañías y que aunque lo supiera, no tendría esa necesidad. Si tuviera opciones se elegiría así, tal como es, porque sabría que es difícil comprenderla, y que si alguien la llegase a comprender sería la cuerda que despedazaría su esencia. Aún así el cuerpo recibe un influjo tan fuerte de las convicciones convencionales que quiere lo mejor para su mente y lo mejor es que ande en compañía. Para eso, el cuerpo habla, queda, empatiza, sonríe, llora y demás patrañas que le hace sentir por un momento que no está solo…Pero la superflua mente se eleva dejándole atrás (pues no siente responsabilidad ni hacia su propio cuerpo) y el pobre cuerpo tartamudea, tiembla, intenta imitar a los demás, desea ser aceptado, desea ser como ellos,… El deseo de encajar es tan fuerte que olvida cómo comportarse, porque solo quiere comportarse como los demás. Envidia esto de uno, y eso del otro. Si aceptase a su superflua mente… Ella no necesita la aprobación de nadie para superfluar. Cree que actuar sin estas presiones, sin sentir que sus actos serán suspendidos o aprobados, debe ser lo que llaman “ser uno mismo”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario