Superfluo pensamiento sobre aguas podridas

A veces el cuerpo se siente agobiado, ahogado, siente una espesez que le impide respirar con tranquilidad, pensar, y entonces la mente superflúa hacia arriba, pero tan densa como su propio cuerpo no puede evitar mirar hacia abajo y se da cuenta de que su cuerpo nada entre “un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas”. Todo está negro y podrido, y cualquier gesto mancha de esa mierda allá a donde va dirigido. Es un espectáculo lamentable. La mente superflua desea echar a volar pero sus superfluos pensamientos son carroñeros buitres que no se separan del cuerpo a punto de caer afligido. Todo parece a punto de terminar, de morir, o de permanecer en ese tenso hilo eternamente. El ambiente avecina que todo está a punto de acabar, pero sin embargo todo continúa. Lleva así tanto tiempo que uno parece acostumbrarse a ese sobrecogedor sentimiento, ese momento en el que se contiene la respiración antes de que todo explote. Pero nada explota, y se está asfixiando. Los nervios a flor de piel están preparados para aguantar un momento, pero llevan tanto tiempo así que han corroído la carne. El ladrillo en el estómago, la lágrima floja, los pesimistas pensamientos,… Todo permanece en un estado invencible. Ve la mierda salir de sus manos, de su cabeza, de su boca. Todo se vuelve de un pringoso marrón, la puta vida se ha teñido de marrón para ella. La mente cae. Ladrillo y lágrima. Esta fingiendo la vida y sigue sintiendo el ladrillo y la lágrima. Mira la vida, ve que ellos también fingen la vida y sigue sintiendo el ladrillo y la lágrima. Parece que la vida también finge no ser una vida, parece que echan en la televisión una película mala. Pero no se apaga, solo anuncios que engañan. Y cuando entiende que es solo un anuncio…ladrillo y lágrima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario