Sugestiones poéticas
La realidad con poesía es más real. O menos real pero merece más la pena. La simpleza de una hoja puede ser hermosa si un verso la hace caer poéticamente. El rápido y lento transcurso de los días pueden convertirse en hermosas novelas poéticamente elaboradas. El amor. Todo el mundo vive haciendo que sabe lo que es el amor, pero todos temen saber lo que es en realidad pues temen que si lo supieran sabrían que jamás lo conocerían. La gente se contenta con el amor romántico, un amor escudriñado, definido y redefinido e introducido en nuestras cabezas, pero nunca en nuestros corazones. Hacemos que sabemos lo que es, pero sentimos que no es eso. El amor debería ser poesía, debería ser poético, debería ser puro. El amor no debería ser una persona, ni una boda, ni una vida a su lado. El amor debería ser el aire de un momento juntos, el sentir que produce una palabra sincera, la libertad de elegir volar a su lado, la magia, el verso y la prosa, los suspiros, los sueños, las alas, una mirada orgullosa, un corazón expandiéndose, un pensamiento nuevo, el amor debería ser una poesía. Deberíamos leerla una vez. Lentamente. Deberíamos sentir cada una de sus palabras, creer que cada una está escrita para nosotros, amar cada una de ellas, sonreírlas, llorarlas, querer que nunca se acabasen, pensar en sus formas, sus olores, sus sabores…saborear cada una, repetir en voz alta esa que nos llegó profundamente, repetirla dos, tres, cuatro veces,…deberíamos suspirar por cada una de sus palabras, cada uno de sus versos, crecer con ellos, aprender de ellos y cuando termine el último verso…no volverlo a leer. Porque nunca nos llegarán sus palabras como la primera vez, porque el repetirlo muchas veces no lo hará nuestro, porque de leerlo tantas veces acabaremos odiando esas palabras que tanto amamos y querremos que sean otras, pero esas palabras no cambiarán, porque las otras palabras están en otros poemas. Mientras la mente superflua amaba cada suspiro que le provocaba, el cuerpo andaba feliz creyendo que flotaba…cuando cayó el cuerpo anheló ese sentimiento, y tiró de él, tiró y tiró… hasta que acabó odiándolo. Prefirió romper el bonito recuerdo que vivir con él, porque mientras que fuese bonito le heriría de tan solo mirarlo. Mejor vivir con una cicatriz que con un ¿y si…?, aunque sabía que sabía la respuesta: ¿y si…tirase más? Se rompería.
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