Horribles viajes
La mente superflua conoce miles de formas de escapar, ha encontrado numerosas artimañas que la ayudan a superfluar. Son misteriosas claves que activan puertas, ventanas o rendijas secretas hacia caminos secretos que la alejan de la realidad (así la llama su cuerpo). Una de estas claves se activa cuando alguien habla y sus palabras recuerdan a la mente otros recuerdos y rápidamente todo se activa hasta que ¡chass! La mente se haya superfluando. Es como una cadena de palabras, de recuerdos que se infla y eleva a la mente como un globo. Pero a veces este sin control lleva a la mente a proyectar pensamientos horribles. Horrible en muchos aspectos. Cualquier horrible escena puede ser recreada por esa mente descontrolada que de pronto se vuelve un plomo y ¡chass! Cae al cuerpo con un estruendoroso golpe seco en su consciencia que la juzga (“¡qué estas pensando, mounstro!”), la señala, la castiga, pero ese pensamiento se agarra con todas sus fuerzas y el cuerpo no sabe que hacer: cruza los dedos, toca madera, se santigua, pide perdón a no se sabe quién mientras le intenta convencer de que no quiere eso, ¡no lo quiere!. Pero, ¿por qué entonces ese pensamiento? Se pregunta razonablemente. Pero a la mente superflua le da igual…¿incluso tus pensamiento, íntimos, propios, que son solo tuyos deben ser juzgados? ¿No puedes pensar en ello sin sentir culpabilidad? No me controlas, dice la mente, pienso, sin dar lugar a examen, cualquier pensamiento que se me superflua, y tú deberás escucharlos, sólo tendrás control en cómo los afrontas. Con miedo o con seguridad. Por mucho que muevas la cabeza para que se te salgan por las orejas, seguirán ahí. Superfluando sin control. Piénsalos, son solo pensamientos.
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