viernes, 26 de junio de 2015

Libertina

Libertad excesiva
Hambre canina
Te mantienes firme tras la red
Que tejes y ves
Protestas y sacas la mano
Porque no está mal si los demás no lo ven
Tira la tina
Abre caminos
Suda obscena
Recita pericias
Fuera cadenas
Fuera obligaciones
No les haré más la cena
Lee tu cuerpo
Traduce tu mente
No digas no sino es tu respuesta
Baja la trenca
Siéntate cerca
Desprende calor sin sentir vergüenza
Mira a los ojos y di:


Estas son mis reglas


martes, 16 de junio de 2015

Briznas libres

No existen las casualidades. Veo continuamente los guiños que me brinda el mundo, este mundo chistoso y loco se ríe desvelándome secretos. A veces el hombre de la radio dice la palabra exacta en la que estaba pensando.Pero hay historias que van más allá.
Viajaba en un autobús sin tener clara la dirección, ni si llegaría a dónde pretendía llegar. Por la ventana vi el mar, gaviotas y nuevos barcos mostrando su limpio esqueleto de madera. El paisaje de repente cambió, y en contraste con el verde y frondoso escenario que me brindaban casi siempre las ventanillas de Ecuador, apareció una seca extensión de árboles pelados de tronco verde. Árboles verdes. Verdes. Pensé en los millones de árboles que pintaron y pintan los niños de todo el mundo con tronco marrón. Y yo ya solo quería pintar todos mis árboles de color verde. Me fijé en cada uno de los que me daba tiempo a enfocar. Muchos de ellos se erguían robustos con forma de mujer. Eran absolutamente maravillosos. Yo ya solo podía pensar en pintar esos abombados árboles con firmes brazos y senos verdes de mujer.

Sabía que tenía que pintarlos, pero no lograba descifrar las frases que se escondían dentro de aquellos árboles. Sabía que su excepcionalidad tenía una historia que yo quería encontrar. Cuando por fin encontré el momento y los colores, lo dibujé. Dibujé ese árbol tan verde como el reflejo que había dejado en mi mente. Un pringoso y brillante verde árbol. Pero allí no llegaron sus palabras. Tenía el árbol, pero no lograba plasmar su esencia.
Y entonces ella me lo dijo. Fue tan sencilla en sus palabras que todo quedó claro. No era un dibujo lo que yo buscaba, ella lo sabía. En un simple dibujo no captaría el alma de su verdad, porque con el dibujo yo debía pintar su leyenda. Era un dibujo leyenda.
Ella sabía antes que yo la historia que encontraría. Sin haber visto el árbol, sin haberlo sentido…pero yo sé que lo vio y lo sintió, porque a veces soñamos lo mismo, aunque no nos lo hayamos contado…

Hubo una vez una india rubia. Una india con una larguísima cabellera dorada que recogía en una trenza. Ella no nació india, pero nació tan libre que solo encontró el camino que pisaría decidida siendo india. Y es que, además, ya había sido india una vez. Y esa vez sí que nació india. La india de tez blanca y dorada trenza creció entre árboles y agua. Paseaba entre aquellos árboles preguntándose por sus propios colores. Rozaba con sus manos las cortezas marrones pensando en cientos de colores. Pasaba sus manos por todos, por cada uno de ellos mientras su mente jugaba con ceras de colores. Sus dedos se impregnaban de natura y, cuando los frotaba entre ellos, al suelo caían briznas de color verde. Y aquí llega el guiño. Cuando la hermana de la india de su siguiente vida cayó en aquel lugar remoto del mundo, los vio. Vio esos verdes árboles y al instante supo que escondían algo para ella. Aquellos árboles solo pudieron haber salido de aquellas briznas libres, aquellas briznas que una mujer pensando en colores repartió como semillas.

domingo, 14 de junio de 2015

tu luz, tu verdad, tu esencia

tantas palabras, tantas acciones...al final solo queda de nosotros esa luz tan particular que por alguna causa ajena a nuestras pretensiones, a nuestros deseos, puede alumbrar por dentro a otra persona. Y solo en esa ocasión, solo si ocurre esa conexión entre la otra persona y tú, quedará para siempre el tenue y eterno calor de esa peculiar bombilla ya apagada. No recordará todas vuestras conversaciones, ni los consejos, ni las palabras que le confesaste con tanto amor...no se acordará la ocasión exacta en la que le extendiste la mano, la prisa que te diste por pasear esa tarde a su lado, o esa vez que tu ausencia le causó dolor. Pero cuando piense en ti, algo más grande que las palabras y las acciones, algo más profundo, más puro, brotará de nuevo desde sus recuerdos a su presente, sintiéndote de nuevo cerca, de nuevo sentirá esa suave seda que acarició cada momento que pasasteis juntos. Y para siempre podrá recurrir a tu recuerdo cuando se quiera sentir feliz. Qué gran regalo. Qué felicidad que lo que queda siempre se parezca tan poco a lo real y tanto a una superflua verdad tan mágica.



Locos. Pisadas enlodadas.

"Los locos abren caminos que más tarde seguirán los sabios, dice Carlo Dossi. Lo que antes era inmoral o repugnante se hace luego todo lo contrario."

Lo bueno y lo malo no son más que miradas llenas de prejuicios. Deberíamos de sincerarnos con nosotros mismos; la mayoría de cosas que hacemos son por miedo a hacer las que realmente queremos hacer. Y la mayoría de las cosas que hacemos nos mantienen en la inmutable línea de lo correcto, de lo sensato.
Locos y cuerdos ríen y lloran, pero creo que los locos ríen más alto y lloran más lágrimas. Bailan y se ensucian más veces. Cantan cuando nadie lo espera. Llegan a casa los últimos, pero llegan los primeros a donde quieren llegar. Cometen más errores y reciben las peores miradas. Pero son los que más se sonríen por dentro. Las líneas de lo inmoral y repugnante no están trazadas por sociedades, culturas, religiones ni otras normas o metas ajenas. Trazan sus propios círculos y se regocijan sacando el pie fuera de vez en cuando. Sus propios círculos, cuadrados o espirales. Jamás resuelven en línea recta. La vida les da posibilidades, no expectativas. Ellos miran con colores, sienten con ardores y dejan marcas enlodadas con cada una de sus pisadas.