tantas palabras, tantas acciones...al final solo queda de nosotros esa luz tan particular que por alguna causa ajena a nuestras pretensiones, a nuestros deseos, puede alumbrar por dentro a otra persona. Y solo en esa ocasión, solo si ocurre esa conexión entre la otra persona y tú, quedará para siempre el tenue y eterno calor de esa peculiar bombilla ya apagada. No recordará todas vuestras conversaciones, ni los consejos, ni las palabras que le confesaste con tanto amor...no se acordará la ocasión exacta en la que le extendiste la mano, la prisa que te diste por pasear esa tarde a su lado, o esa vez que tu ausencia le causó dolor. Pero cuando piense en ti, algo más grande que las palabras y las acciones, algo más profundo, más puro, brotará de nuevo desde sus recuerdos a su presente, sintiéndote de nuevo cerca, de nuevo sentirá esa suave seda que acarició cada momento que pasasteis juntos. Y para siempre podrá recurrir a tu recuerdo cuando se quiera sentir feliz. Qué gran regalo. Qué felicidad que lo que queda siempre se parezca tan poco a lo real y tanto a una superflua verdad tan mágica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario