Despedirse sin haber encontrado una razón para decir adiós.
Cada persona debería poder estar dónde se le quiere, donde
se le necesita, donde desea estar. No deberían existir límites cuando se desea
tanto algo. Me dijeron que cuando uno desea algo con todas sus ganas, la
humanidad conspira para que su sueño se realice. Yo he deseado, he luchado, he
querido, he trabajado y he soñado mil veces con quedarme. Porque son nuestros
niños, esos niños que nos miraban extrañados, que nos abrazaban, que nos cantaban,
que nos buscaban y nos huían, los que corrían hacia nosotras y los que se
despedían con tristeza. Los que nos quisieron nada más vernos, y los que nos
dieron la oportunidad de aprender a crear un vínculo pese a las dificultades de
sus resistencias, de sus mundos propios, de su diferente manera de comunicarse
y de acercarse.
Estos son nuestros niños. Los niños sin futuro. Los niños a
los que están arrancando el futuro. Porque sí lo tienen, pero se lo están
borrando. Porque un niño sin educación será un niño condenado a vivir
dependiendo de alguien. Porque si no reciben la estimulación adecuada su
discapacidad será más severa y sus capacidades mermadas. Si no se crean las
vías necesarias para que se inserten en la sociedad serán excluidos, marginados
por todos nosotros, que nos privaremos del placer de ampliar nuestro estrecho y
discriminatorio mundo con estas personas que nos hacen ver que el mundo va más
allá del estrecho cerco que hemos pintado, que existen más formas de hablar, de
sentir, de querer, más motivos por los que vivir y por los que luchar. Nos
privaremos de todo esto al rechazar su compañía.
Estos meses les hemos querido y nos han hecho sentir muy
queridas. Les hemos enseñado con mucha paciencia y mucho cariño, y también
hemos aprendido mucho de ellos. Nos han dado grandes regalos, creciendo y
aprendiendo cada día. Hemos llegado a ellos a través del juego y del amor, pero
cada día poniéndoles metas, sabiendo que ellos pueden conseguir cualquier cosa
que les propongamos. Hemos luchado por sus derechos y lo seguiremos haciendo,
pero también está en vuestras manos que reciban la educación que les pertenece.
A veces las diferencias nos asustan, pero cuando quieres conocer a alguien de
verdad, te das cuenta que esas diferencias son las que nos hacen especiales. Y,
sobre todo, hemos creído en ellos: son grandes niños, y serán grandes personas.
No les vamos a olvidar nunca, esperamos que no olviden todo lo que les
queremos.
“El mundo les debe algo, nadie merece alimentarse con
miseria, nadie se merece una infancia incierta, pero ahí están, VIVOS LOS
MAIZALES ANTE LA TORMENTA”
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