domingo, 20 de octubre de 2013

El baile de la vida

Se apagan todas las luces de la sala. Empieza a sonar una canción y una luz la ilumina. Es Perfecta. Sus zapatos, su vestido, su silueta, sus facciones, su maquillaje y su pelo, ella es Perfecta. Comienza a bailar, sus movimientos se mueven perfectamente acordes al ritmo de la música. Ella sonríe con esa sonrisa de labios tensos que descubren esos dientes de revista, esa mirada presuntuosa y altiva de la que gusta de ser mirada, de la que sabe que así es y además lo necesita para seguir bailando, porque esa es la razón por la que baila. Conoce cada centímetro del parqué porque ha practicado para que cada paso caiga exactamente dónde debe caer. Todo el mundo la mira llena de fascinación y envidia. Ella llena la sala, toda su persona llena la sala y por tanto sobrarían todos los demás, claro está, sino necesitase sus miradas.

Al otro lado de la sala otra mujer llama la atención de unas pocas miradas. Con los ojos cerrados Imperfecta ha comenzado a bailar sin que nadie se percatara. Sus movimientos no van acordes con esa canción pero son muy naturales, parece que el viento la azotara e hiciera que se balancease de esa manera. Sonríe Imperfecta, pero sonríe llena de disfrute. Su sonrisa es relajada, a juego con la tranquila felicidad que transmiten sus ojos. No venía vestida para la ocasión, nadie sabe que hace allí. Algunos la miran con desprecio, otros embelesados. Pero ella no lo sabe, porque mantiene sus ojos cerrados. Para ella no hay nadie más en la sala. No sabe que su danza está animando a otros a danzar también.

Dos bailes para una canción; dos bailes para una vida.

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