Y de repente vió una luz.
Un agujero de luz, un foco, un resplandor. Una luz que no concordaba en aquel
lugar. Lo observaba fijamente sin saber de dónde provenía, pero sin dudas, sin
preguntas. Aquella luz había aparecido en el preciso lugar al que él miraba. En
el preciso momento en el que él dirigió su mirada allí. No sabía si el lugar y
el momento le eligieron a él, o él lo supo, y por ese motivo miro. Pero no
buscaba respuestas. Solo observaba mientras esa luz le llenaba de tranquilidad,
de emoción, de paz. Y de repente, desapareció, sin avisar. Pero no sintió
tristeza, se quedó disfrutando con la sensación de poesía q había dejado
aquella luz en su mente. Como un dulce rasguño entre lo real y lo soñado.
A la noche siguiente,
mientras volaba su mente tumbado en la cama, aquella misma luz apareció de
nuevo, pero esta vez su llegada vino acompañada de una ola de miedo y
preguntas. ¿Sera una puerta? ¿Una luz divina? ¿Un ojo observador? Y de repente se
levantó. Todas las dudas se disiparon bajo un paño de certeza, el conocimiento
de que tenía q levantarse era tan fuerte como si siempre hubiese estado ahí.
Camino hasta la luz, como si la conociera, como si la añorara, como si siempre
hubiese sido suya. Y aquella luz le espero sin cambiar ni moverse, le espero
con una quietud turbadora. Extendió sus brazos, introdujo sus manos en la luz y
comenzó a estirar, estirar...y agrando sus límites, la fue haciendo poco a poco
más extensa. Y a cambio aquella luz le respondió con más luz. Más y más luz. El
estiro más y más sus brazos sin apartar sus ojos. Y en este acto comenzó a
comprender. Sin preguntas ni dudas su sentido empezó a desvelarse ante él,
dentro de él, alrededor de él. Y el comenzó a ser la razón de ese significado.
Él se convirtió en humo, y este humo en luz. Y ya no había significados, ni
limites, ni allí o aquí. Todo se hizo un todo más grande, más magnifico, más
sólido y vaporoso. Y su mundo se expandió con él, y él expandió el mundo.
Porque nunca le pareció suficiente, nunca lo entendió. Hasta ahora, que todo
era luz, y esa era la única luz que él necesitaba.
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