Una fuerza le empujaba desde dentro. Hasta le picaba un ojo.
Algo tenía que salir, pero no sabía qué. Ni cómo. Se cogió una cerveza. Y quiso
ser feliz. Música, cerveza, ideas y ganas de actuar. Eran sus mejores armas.
Con eso se sostenía. Cuando lograba sostenerse. Todo parecía a punto de ser
feliz. Todo parecía a punto de empezar, a punto de explotar. Y ella miraba
fijamente de frente. Lo más preparada posible. Y esperó. Le dio un trago a su
cerveza. Y se rascó un ojo. Sabía que todo estaba ahí, esperándola. Y no quería
hacerse esperar. Estaba a punto. A punto. Y esperando, se acabó su cerveza. Y lo
que quería salir se amansó. Y hasta le dejó de picar el ojo. Todo había
acabado. Y ni tan siquiera había empezado. Y se quedó sentada. Y se rascó el
ojo en recuerdo de ese momento. Pero nada, allí no le picaba nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario